#erriatxikotia

Por segundo año consecutivo las fiestas están condicionadas por la pandemia y sus medidas. Teníamos la esperanza de que el año 2021 seria diferente y podríamos celebrarlas con nuestra gente más querida. Y no va a ser así.

Ello no quiere decir que vaya a faltar el espíritu festivo en estos días. Pero también son momentos para la reflexión. Para darnos cuenta de que, en este segundo año sin txilibitos ni tambores cuando el sol todavía no tiene fuerza. No nos haremos daño, no nos burlaremos de nadie, y nos daremos cuenta de que todo sigue hacia delante.

Llevamos casi una década buscando soluciones. Años proponiendo el diálogo y la necesidad del reconocimiento y el respeto entre las partes. Años buscando la recuperación de la confianza mutua. En este recorrido hemos constatado el daño que provoca el silencio y hemos aprendido que la llave que nos sacará del conflicto está en nuestras manos. Somos responsables –todas y todos- del futuro de Hondarribia; nuestras posturas y decisiones van a determinar si la situación actual se perpetúa o si somos capaces de construir un pueblo donde nadie sea marginado.

El Pueblo. Motivo de nuestras preocupaciones y de nuestros trabajos. Queremos una Hondarribia para todos: mujeres, hombres, negros, blancas, viejas y jóvenes… La modernidad ha puesto en peligro algunas de nuestras señas de identidad. Estas señas culturales conforman una especie de manual para la vida y cuando algo falla tendemos a aferrarnos a la tradición como tabla de salvación.

La tradición es una construcción humana, elaborada con objetivos concretos y basada en las relaciones de poder. Controlándola se pueden reproducir las jerarquías de clase y de género. El año pasado se esgrimió el argumento de que la tradición estaba por encima de concejales y alcalde. Nos parece que no es así, que la legitimidad reside en las y los concejales elegidos democráticamente.

Con gran preocupación contemplamos lo que últimamente se viene haciendo en nombre de la tradición. Utilizando el legado ancestral se intenta frenar cualquier atisbo de cambio en los modos de vida y los privilegios establecidos.

El gran reto para el Alarde del futuro es conseguir una amplia participación de la mujer en el mismo. Sin embargo, en vez de ir a la raíz del problema, en vez de buscar soluciones sensatas, las diversas irresponsabilidades han sumergido a Hondarribia y su Alarde en un torbellino sin fin. Y ello a pesar de muchas personas que desfilan y que quieren de verdad una salida. Las celebraciones populares se intentan utilizar para reafirmar la posición de una élite, creando división en el pueblo.

Frente a esto Abotsanitz seguirá defendiendo el Alarde público. Llamamos a no prolongar un conflicto sin sentido, a dar pasos con valentía. La actitud posibilitadora moldeará el futuro de nuestro pueblo.

Hondarribia, 3 de septiembre de 2021

Gora Hondarribia!